Seamos sinceros. Durante décadas, la idea de comprar una segunda vivienda ha sonado a éxito rotundo.
Pero, ¿tener una en propiedad? Se está convirtiendo en el flip phone de la inmobiliaria, nostálgico, pero tremendamente ineficaz.
La compras, la amueblas, pagas el mantenimiento, los impuestos, el seguro, la limpieza... y luego la usas unas cuatro semanas al año. El resto del tiempo se queda ahí, acumulando costes silenciosamente.
Esta es la pregunta que se hace una nueva generación de compradores:
¿Por qué poseer el 100% de algo que sólo se utiliza el 10% del tiempo?
Bienvenido a la era de la copropiedad, en la que los cálculos tienen sentido, la experiencia es superior y el futuro de la propiedad de una casa de vacaciones vuelve a parecer divertido.







