La Costa Brava —«la costa salvaje»— se ganó su nombre por una razón. El litoral catalán al norte de Barcelona es una sucesión de calas rocosas, cuevas recónditas, cabos cubiertos de pinos y ensenadas de aguas turquesas que se parecen más a las islas griegas que al resto de la España peninsular. La mayoría de las mejores playas son diminutas y solo se puede acceder a ellas a pie o en barco, y eso es precisamente lo que las hace especiales.
Si estás planeando una estancia en la Costa Brava —o pensando en comprar una segunda residencia allí—, las siguientes actividades acuáticas son las que realmente merecen el viaje. Ninguna de ellas requiere habilidades profesionales y la mayoría son aptas para toda la familia.

