La Costa Brava —«la costa salvaje»— se ganó su nombre por una razón. El litoral catalán al norte de Barcelona es una sucesión de calas rocosas, cuevas recónditas, cabos cubiertos de pinos y ensenadas de aguas turquesas que se parecen más a las islas griegas que al resto de la España peninsular. La mayoría de las mejores playas son diminutas y solo se puede acceder a ellas a pie o en barco, y eso es precisamente lo que las hace especiales.
Si estás planeando una estancia en la Costa Brava —o pensando en comprar una segunda residencia allí—, las siguientes actividades acuáticas son las que realmente merecen el viaje. Ninguna de ellas requiere habilidades profesionales y la mayoría son aptas para toda la familia.
1. Snorkel y buceo — las Islas Medes
Las Islas Medes, un pequeño archipiélago situado frente a la costa de L'Estartit, son uno de los mejores destinos de buceo del Mediterráneo. Las aguas que rodean las islas son una reserva marina desde 1990, y la vida submarina —meros, pulpos, morenas, bancos de barracudas— es mucho más abundante que en cualquier otro lugar de la costa española.
Para quienes no bucean, en verano salen varias veces al día excursiones de snorkel desde L'Estartit, y se puede disfrutar de un gran espectáculo simplemente flotando en la superficie sobre el arrecife protegido. Para los buceadores con certificación, las tiendas de buceo de L'Estartit y L'Escala ofrecen salidas guiadas a los mejores puntos de buceo en paredes y cuevas.
2. Kayak de mar: las calas recónditas del Cap de Creus
El Cap de Creus es el punto más oriental de la península Ibérica y uno de los paisajes más surrealistas del Mediterráneo: rocas volcánicas retorcidas, cuevas profundas y decenas de calas recónditas a las que solo se puede acceder desde el mar. Navegar en kayak de mar desde Cadaqués o El Port de la Selva te lleva a zonas de la costa a las que no llega ninguna carretera.
Los alquileres de medio día son sencillos y perfectos para principiantes. La ruta clásica va desde Cadaqués hasta Cala Jugadora: unas cuatro horas remando con varias paradas en playas recónditas. No olvides traer una máscara de buceo: la claridad del agua en el interior de las calas es excepcional.
3. Navegando por la Costa Brava: Begur, Palamós, Sant Feliu
La experiencia clásica de la Costa Brava consiste en alquilar una pequeña embarcación por un día y recorrer la costa de cala en cala. No se necesita licencia de navegación para la mayoría de las embarcaciones de alquiler de hasta 6 metros; los puertos deportivos de Begur (Aiguablava), Palamós y Sant Feliu de Guíxols ofrecen opciones de alquiler por días.
La ruta desde Aiguablava hacia el sur pasa por Cala Sa Tuna, Aiguafreda, Sa Riera y las famosas Islas Medas. Desde Palamós, dirígete hacia el norte hasta Cala Castell y Cala Estreta, a las que solo se puede acceder por mar y que son, sin duda, las calas más bonitas de toda la costa.
4. Paddle surf y embarcaciones hinchables
Si buscas una forma más tranquila y pausada de explorar la zona, practicar surf de remo (SUP) en las tranquilas mañanas de verano es una de las formas más agradables de empezar el día en la Costa Brava. La mayoría de las playas con quioscos de alquiler (Cala Montó, Llafranc, Tamariu) ofrecen tablas de SUP por horas.
Para las familias con niños pequeños, las pequeñas embarcaciones hinchables con motor eléctrico (no se necesita licencia; se pueden alquilar en los quioscos de la mayoría de los puertos deportivos) permiten llegar a calas tranquilas con todo lo necesario para un pícnic, equipo de buceo y una nevera portátil. Un día perfecto en familia en el agua.
Por qué la Costa Brava es mejor para vivir que para visitar
La Costa Brava es uno de esos lugares en los que volver dos veces lo cambia todo: en la segunda visita, ya sabes a qué cala no llega el viento, qué restaurante tiene los mejores calçots y qué puerto deportivo alquila los mejores barcos. Para la tercera o cuarta visita, la costa ya te resulta como tu propia casa.
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