El concepto tradicional de propiedad ha dado paso a nuevos modelos redefinidos de posesión de activos. El fuerte desarrollo de la economía colaborativa y la necesidad de flexibilidad —pagar por lo que realmente necesitamos, no por lo que rara vez utilizamos— hacen de la propiedad fraccionada una opción muy sensata.
La propiedad existe desde los albores de la humanidad. Desde que el primer grupo de seres humanos pisó la Tierra, sintió que poseía hogares, comida, mascotas, fuego... lo que se te ocurra. Es simplemente un instinto básico. Con el tiempo, los hogares se convirtieron en uno de los bienes más importantes: proporcionaban seguridad y una sensación de logro.
En los últimos años, el antiguo concepto de propiedad ha evolucionado hacia nuevos modelos, uno de los cuales es la propiedad fraccionada. También conocida como copropiedad o propiedad compartida, ofrece una alternativa más flexible para poseer y disfrutar de bienes, especialmente aquellos que no son esenciales, pero que pueden proporcionar una mejor calidad de vida y hacernos sentir más realizados.
Permítanos explicarle cómo ha evolucionado el concepto de propiedad, cómo le ha influido la economía colaborativa, cuál es la idea básica que subyace a la propiedad fraccionada y qué alternativas ofrece la propiedad fraccionada de viviendas a aquellas personas que realmente desean comprar una segunda vivienda, pero que aún no consideran que la compra íntegra sea una opción rentable.
La idea tradicional de la posesión
Más allá de nuestra larga tradición de propiedad, el sentido de la propiedad ha ido evolucionando a lo largo de las generaciones. Nuestros padres compraron casas y consiguieron trabajos pensando que durarían para siempre. Eso coronaba su sensación de logro. Pero el mundo en el que vivimos ya no es el mismo. Ya no nos preocupa tanto la propiedad total.
Ahora somos más conscientes de que los recursos no son infinitos, por lo que debemos aceptar la idea de utilizar solo lo que necesitamos —o, al menos, esperamos haber aprendido eso con el tiempo—. Para quienes pensamos tanto en la sostenibilidad como en la rentabilidad, la idea de poseer solo la parte de algo que realmente necesitamos, en lugar del activo completo, resulta muy atractiva. Ahí es donde el concepto de propiedad fraccionada cobra todo su sentido.
Nuestro estilo de vida se ha vuelto más nómada a lo largo de las décadas, lo que significa que nuestro sentido de la posesión y la consecución de objetivos está mucho menos arraigado y es más versátil que en las generaciones anteriores. Muchos de nosotros aspiramos a poseer aquello que nos hace felices en un momento concreto de la vida, sabiendo que ese sentimiento o esa necesidad no durarán para siempre. Para mucha gente hoy en día, una vivienda es un medio que facilita el estilo de vida que se busca en un momento concreto, no una limitación ni un ancla a un lugar o una forma de vida de la que no se pueda escapar. La propiedad es un medio, no el objetivo final.
La propiedad fraccionada sigue esa misma línea. Ayuda a las personas a desprenderse del antiguo concepto de posesión y a percibir la propiedad como una forma de facilitar la flexibilidad que necesitamos, al tiempo que nos proporciona el estilo de vida que buscamos.
Conoce los conceptos básicos de la propiedad fraccionada
El concepto de propiedad fraccionada es sencillo: se toma un bien —por ejemplo, una vivienda—, se divide en diferentes partes y se venden por separado a un grupo de personas. Normalmente, esto se lleva a cabo a través de una estructura jurídica previamente establecida (una S.L. en España, una LLC en EE. UU.), lo que facilita mucho el proceso.
Para mantener el orden, se establecen algunas normas básicas sobre la propiedad: el tiempo de uso que corresponde a cada parte, un fondo común para los gastos, el mantenimiento del bien y cualquier otro beneficio u obligación que este conlleve.
Existen otros tipos de propiedad fraccionada que abarcan una amplia gama de activos de lujo , como obras de arte, yates o coches de alta gama. Esto permite a los compradores ampliar su patrimonio al tiempo que lo diversifican, minimizando los riesgos y los costes de mantenimiento. En esencia, se trata de una forma diferente de concebir la propiedad de los bienes: inteligente y rentable por naturaleza.
La propiedad fraccionada se confunde a menudo con el régimen de tiempo compartido. Este último se hizo popular en los años 80 y 90 en Estados Unidos, pero su popularidad decayó tras el entusiasmo inicial. Lo que se adquiría en un régimen de tiempo compartido nunca fue la propiedad en sí, sino el tiempo que se podía pasar en la vivienda de otra persona (normalmente propiedad de complejos turísticos o grandes grupos de viajes). Al no existir una propiedad real, venderlo se convirtió en todo un reto, y así fue.
La economía colaborativa
¿Alguna vez has comprado por impulso? Te sentías triste o estresado y te lanzaste a tu tienda favorita a hacer una compra compulsiva, solo para descubrir que la felicidad inicial era, en realidad, pasajera. Gastar dinero y la sensación de poseer cosas no acaba de satisfacer más allá de lo básico.
Los recursos son cada vez más escasos, y algunas partes del mundo están demasiado pobladas o sobreexplotadas. Incluso las montañas del Himalaya se han masificado.
El hecho de acumular cosas en exceso con el único fin de sentirnos realizados ha dado lugar a una forma más consciente de poseer y a un modelo de consumo diferente. Esa vocecita en nuestra cabeza que antes decía «lo quiero» ahora pregunta:«¿De verdad lo necesito?».
Según Forbes, la propiedad fraccionada es un factor clave en el desarrollo de la economía colaborativa y merece la pena seguirla de cerca.
Los difíciles años de la pandemia han contribuido a desarrollar otros instintos humanos: compartir y llevar una vida más sencilla y plena. Nos hemos dado cuenta de que no necesitamos tantas cosas para ser felices. Al menos, no aquellas que se pueden comprar con dinero. También nos hemos vuelto más prudentes en lo económico y, en nuestra búsqueda de la sencillez, muchos de nosotros nos hemos dado cuenta de que queremos evitar grandes cargas económicas. Preferimos tener menos cosas, pero aprovecharlas al máximo, sin pagar el precio completo por ellas.
Propiedad compartida de segundas residencias
En lo que respecta a las viviendas vacacionales, la propiedad fraccionada tiene aún más sentido. ¿Por qué adquirir una vivienda en propiedad exclusiva, pagar todos los gastos de mantenimiento y las reparaciones, y ocuparse de su financiación, si sabes que solo la vas a utilizar unas pocas semanas al año?
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